Como Alonso y Lacalle Pou mataron a la selección uruguaya
Del proceso al gerenciamiento: cómo Uruguay perdió una idea de selección

Durante quince años, la celeste fue mucho más que un equipo de fútbol. Bajo la conducción de Óscar Washington Tabárez existió un proceso que iba mucho más allá de los resultados partido a partido. Continuidad, trabajo a largo plazo, formación de juveniles, identidad colectiva. Una convicción de que la camiseta celeste representaba un proyecto nacional y no simplemente una suma de figuras.
Ese modelo tuvo resultados concretos y medibles. En los Mundiales de 2010, 2014 y 2018, Uruguay superó siempre la fase de grupos. Sudáfrica, Brasil, Rusia. En los tres casos había una constante: Uruguay competía, sabía sufrir y llegaba preparado a los momentos decisivos. No era magia ni casualidad. Era trabajo sostenido en el tiempo.
Pero ese proceso fue interrumpido. Y ahí empieza la historia que hay que contar.
Con la llegada de Ignacio Alonso a la presidencia de la AUF comenzó otra etapa. No se trató únicamente de un cambio de autoridades, sino de una forma completamente distinta de conducir el fútbol uruguayo. Una lógica más cercana al gerenciamiento, a las decisiones concentradas en la dirigencia, a una visión donde el proyecto colectivo perdió lugar frente a los cambios de rumbo y las apuestas de corto plazo.
La destitución de Tabárez en 2021 simbolizó ese quiebre. Se cerró un proceso de quince años sin que existiera ningún proyecto deportivo integral capaz de reemplazarlo. En su lugar llegaron cambios de entrenadores, decisiones coyunturales y una conducción que nunca logró reconstruir una identidad común para las selecciones nacionales.
No es un dato menor que Alonso haya desarrollado buena parte de su carrera institucional vinculado al Partido Nacional y al entorno del entonces presidente Luis Lacalle Pou. Esa cercanía no explica por sí sola los resultados deportivos, pero sí refleja una forma de conducción donde el peso del poder político e institucional pasó a ocupar un lugar central mientras el trabajo de largo plazo fue perdiendo protagonismo.
Los resultados hablan solos. En Qatar 2022 Uruguay quedó eliminado en fase de grupos con 4 puntos. En 2026 volvió a despedirse en la primera ronda, esta vez con apenas 2 puntos. Dos Mundiales, dos eliminaciones consecutivas. Un contraste absoluto con la etapa anterior.
El proceso de Tabárez representaba una forma de hacer política deportiva basada en la planificación, la formación y la continuidad. Lo que vino después priorizó otra lógica, más cercana al liderazgo personal, al poder institucional y a la administración del presente.
