Flávio Bolsonaro huyó de Brasil tras perder las elecciones: pasó por Argentina y terminó en Estados Unidos
El hijo del expresidente Jair Bolsonaro perdió las elecciones el domingo 25 de octubre frente a Lula da Silva. El lunes juró que no iba a huir.

El miércoles 28 ya estaba en Miami. En menos de 48 horas, Flávio Bolsonaro violó una orden judicial del Supremo Tribunal Federal que le prohibía salir de Brasil y se fugó del país por la puerta de atrás, literalmente.
El recorrido fue minucioso. Bolsonaro cruzó la frontera hacia Argentina por el puente internacional Tancredo Neves, que une Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú, a las 22:50 del martes 27 de octubre. Viajó con su esposa y sus dos hijas. Para cruzar usó su documentación italiana, evitando así el control con su pasaporte brasileño. A las 23:30 abordó un avión privado Gulfstream G400 de la compañía argentina Baires Fly. La ruta siguió con una escala técnica en Guayaquil, Ecuador, y terminó en el aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, en Miami.
El papel del gobierno de Milei bajo la lupa
Lo que más genera preguntas es qué pasó del lado argentino. En un primer momento, el gobierno de Javier Milei negó cualquier participación en la operación. Pero después aparecieron los registros oficiales de la Dirección Nacional de Migraciones que confirmaron el ingreso de Bolsonaro al país. Además, distintos medios periodísticos reportaron la presencia de Santiago Caputo, uno de los principales asesores de Milei, en la provincia de Misiones justo durante las horas en que se produjo la fuga. También trascendió que efectivos de seguridad argentinos habrían escoltado el vehículo que llevó a la familia Bolsonaro hasta el aeropuerto de Puerto Iguazú. Ya desde Estados Unidos, Flávio Bolsonaro publicó una carta agradeciendo a Javier Milei por la ayuda recibida. No hay una confirmación oficial de que Milei haya coordinado personalmente la operación, pero las preguntas siguen creciendo.
Una fuga con contexto judicial
La salida de Brasil no fue caprichosa. Bolsonaro enfrenta varias investigaciones judiciales. Una de ellas lo vincula a una presunta operación de lavado de dinero relacionada con empresas de apuestas y plataformas de pago. También hay investigaciones por un pedido de financiamiento al banquero Daniel Vorcaro para una producción cinematográfica sobre su padre titulada Dark Horse. Y se suman actuaciones por presunta difamación contra el presidente Lula. Son investigaciones y denuncias, no condenas. Bolsonaro niega todo. Pero su situación podría complicarse bastante en febrero de 2027, cuando perdería la inmunidad parlamentaria que tiene como senador.
Este episodio no es solo una historia brasileña. Involucra a Argentina, a Ecuador y a Estados Unidos, cuyo gobierno encabezado por Donald Trump autorizó el ingreso de Bolsonaro y su familia. Lo que empezó como una derrota electoral se convirtió en un conflicto diplomático regional, con una pregunta que todavía no tiene respuesta clara: ¿hasta dónde llegó la colaboración de las autoridades argentinas para que Bolsonaro pudiera escapar pese a la prohibición judicial?
