“¿Le pego un tiro y un problema menos?”: las violentas declaraciones de Fernando Vilar sobre las infancias trans
El periodista realizó una polémica intervención durante una entrevista en Canal 5, en la que planteó la violencia contra una niña trans como parte de una situación hipotética. Sus palabras generaron un fuerte rechazo y reabrieron el debate sobre la discriminación, la responsabilidad de los medios y el derecho de las infancias a vivir su identidad sin violencia.

El periodista Fernando Vilar quedó en el centro de una fuerte controversia tras realizar declaraciones sobre las infancias trans durante la emisión del programa Buscadores, transmitido por Canal 5, el pasado viernes 30 de octubre.
Durante una entrevista a la médica Lorena Quintana, excandidata a la vicepresidencia por Cabildo Abierto, el conductor planteó una situación hipotética en la que un niño de ocho años le manifestaba a su padre que se sentía una niña. En ese contexto, lanzó una pregunta que provocó indignación: “¿Qué hago? ¿Le pego un tiro y un problema menos?”.
La expresión, formulada mientras se discutía sobre identidad de género en la infancia, generó cuestionamientos por introducir la posibilidad de una respuesta violenta frente a una niña trans, precisamente en un ámbito donde debería primar el respeto, la protección y el acompañamiento.
La identidad de una niña no es un problema que deba resolverse
Más allá de la intención que Vilar aseguró haber tenido al formular la pregunta, sus palabras ponen sobre la mesa una cuestión de fondo: la manera en que las personas trans, incluso durante la infancia, siguen siendo presentadas en determinados discursos públicos como un problema para sus familias o para la sociedad.
Una niña trans no representa una amenaza ni una situación que deba corregirse. Es una persona con derechos, cuya identidad merece ser escuchada y respetada.
El acompañamiento familiar, el acceso a información y la construcción de entornos seguros son respuestas posibles ante las inquietudes que puedan surgir durante el desarrollo de niñas, niños y adolescentes. La violencia, incluso cuando aparece planteada como una provocación retórica, no puede naturalizarse como parte de esas respuestas.
El debate no debería ser qué hacer frente a la existencia de una infancia trans, sino cómo garantizar que todas las infancias puedan crecer libres de discriminación y violencia.
El rechazo de Canal 5 y las organizaciones sociales
Las declaraciones provocaron una respuesta del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional (Secan), que manifestó su profundo rechazo a las expresiones del periodista y las consideró impropias de un espacio de comunicación, especialmente de un medio público.
El organismo advirtió que este tipo de discursos puede contribuir a la estigmatización y provocar sufrimiento en las personas trans, sus familias y, particularmente, en niñas, niños y adolescentes.
La controversia también motivó la intervención de Trans Boys Uruguay, Niñez, Adolescencia y Familia. Su presidente, Rodrigo Falcón, participó posteriormente en el programa y cuestionó directamente al conductor por la violencia de sus palabras y la falta de empatía hacia las familias que atraviesan estas situaciones.
Ante la pregunta de cómo debería actuar una familia cuando una niña expresa su identidad de género, Falcón respondió con una alternativa sencilla: escuchar, acompañar y buscar información.
Una respuesta que deja en evidencia que no hace falta convertir la identidad de género de una niña en un conflicto para poder hablar de ella.
La responsabilidad de comunicar sin reproducir violencia
Las declaraciones adquieren especial gravedad por el espacio en el que fueron realizadas. Los medios de comunicación tienen una enorme capacidad para construir sentidos, instalar debates y contribuir tanto a combatir como a reproducir prejuicios.
La libertad de expresión es un derecho fundamental, pero también implica asumir la responsabilidad de las palabras utilizadas, particularmente cuando se habla de poblaciones históricamente discriminadas.
No se trata de impedir preguntas ni de cancelar discusiones sobre identidad de género. Se trata de reconocer que debatir sobre derechos no exige poner en cuestión la dignidad de quienes los ejercen.
Tras las críticas, Vilar pidió disculpas públicamente y reconoció el carácter ofensivo, violento y discriminatorio de su intervención. Sin embargo, el episodio deja una discusión que trasciende el arrepentimiento individual.
Las infancias trans no necesitan que se debata su legitimidad ni que su existencia sea tratada como una dificultad familiar. Necesitan adultos que escuchen, instituciones que protejan y una sociedad que garantice sus derechos.
Porque ninguna niña debería tener que defender su identidad para merecer respeto. Y mucho menos escuchar que su existencia puede ser asociada, aunque sea de manera hipotética, con una respuesta violenta.
